Las intensas rachas de viento que se están registrando hoy —y que continuarán previsiblemente hasta mañana— han provocado la caída de una farola en la vía pública. Afortunadamente no se han producido daños personales, aunque el suceso ha puesto sobre la mesa un deterioro urbano tan cotidiano como ignorado.
La farola no se ha doblado ni arrancado parcialmente: ha caído completamente a plomo, seccionada prácticamente a ras del suelo, justo en el punto donde el metal se une a la base de obra.
Según nos informan, tras examinar el estado del soporte, la causa resulta evidente: la base estaba completamente oxidada.
Un desgaste invisible pero constante
El deterioro no se ha producido en días ni en meses, sino durante años, el motivo principal: la acumulación continuada de orines de mascotas.
Puede parecer algo inofensivo —un perro marcando una farola— pero cuando decenas de animales lo hacen diariamente en el mismo punto, el efecto químico es constante. La humedad y la acidez de la orina aceleran la corrosión del metal, especialmente en la zona más vulnerable: la unión entre el acero y el pavimento.
El resultado es una pérdida progresiva de resistencia estructural y el viento de hoy probablemente ha sido el detonante final, pero la farola podía haber caído en cualquier momento incluso sin temporal.
Un problema de seguridad
Este tipo de degradación afecta a farolas, señales, bolardos y otros elementos del mobiliario urbano.No es solo una cuestión estética o de mantenimiento: se trata de seguridad pública.
La caída de una farola puede provocar daños materiales e incluso personales, especialmente en zonas transitadas.
Concienciación ciudadana
Desde el punto de vista técnico, evitar estas situaciones es complejo si no existe colaboración ciudadana. El gesto cotidiano de permitir que la mascota orine siempre en el mismo punto, repetido cientos de veces, termina generando un deterioro estructural real.
Pequeñas acciones —como alternar zonas o evitar bases metálicas— pueden reducir significativamente el problema. Porque lo ocurrido hoy no es solo consecuencia del viento: es el resultado de un desgaste lento, diario y acumulativo que, tarde o temprano, termina en un riesgo.
La prevención, en este caso, también empieza en la acera.